Mar…

Estoy agotada, tengo más de una hora acostada y ni siquiera me he puesto la pijama.
Los días han sido estresantes, en más de un sentido.
Hoy ni quiera salí a comer… de nuevo. Pero lo peor es que al final del día estoy frente a la computadora, cuando todo el bendito día me la pasé frente a la computadora., excepto por aquellos momentos en los que mi jefecito gritaba mi nombre y yo corría en su auxilio.
Parece ser que hoy es el último día de estrés, mañana baja la marea… Marea, tengo tantas ganas de ir al mar, tengo tantas ganas de caminar por la mañana con los pies descalzos sobre la arena mojada y dejar que las olas que rompen en la orilla mojen mis pies a cada paso.
He viajado sobre el mar pocas veces, recuerdo que la primera vez lo hice arriba de una lancha gracias a la visita que hicimos a la casa de la familia de un amigo de papá, en un lugar entre Tabasco y Veracruz llamado Tonalá.
Tengo recuerdos vagos.
En mi mente las imagenes son de una playa, poca gente… muy poca, algunas lanchas y de pronto una imagen donde me veo arriba de una lancha.
Recuerdo mi sensación de temor que poco a poco se fue diluyendo, como si la brisa marina se la llevara lejos.
Recuerdo que fue la primera vez que escuché hablar de las toninas y también fue la primera vez que las ví nadar cerca de la lancha.
La segunda vez que viajé sobre el mar, fue quizá pocos años después de esa pequeña travesía por el río Tonalá.
Viajabamos al sur de México, a Mérida. La única manera de pasar la isla de Cd. del Carmen era por mar, en pangas. Había que hacer una fila que parecía interminable, esperando que tocara el turno para que el carro en el que uno viajaba se pudiera acomodar en la panga.
Recuerdo que habian dos, una era pequeña y la otra, desde mi perspectiva de niña, me parecía inmensa.
Me daba miedo viajar así.
En esa ocasión la brisa marina no se llevó mi temor.
No tengo ganas de viajar sobre el mar, tengo ganas de viajar y acercarme al mar, no quedarme ahí, solamente viajar y contemplarlo entre ratos.
Caminar en la orilla de la playa, sentarme en la arena y guardar en la quietud de mis ojos sus atardeceres.
Y por supuesto, me encantaría hacerlo contigo…

2 comentarios para “Mar…”

  1. Te leo y me identifico.

    Yo también paso horas al frente de esta máquina y tengo inmensos deseos de volver pronto al mar. Hacen falta las olas y la arena.

    Espero que pronto te sientas mejor.

    Besotes y abrazotes.

  2. Gracias por los buenos deseos.
    Después de la tormenta llega la calma… ya he soltado el estrés y vamos con más tranquilidad llevando todo.
    Ojalá pronto puedas ver el mar tu también, yo espero muy muy pronto estar ahí, frente a el llenarme los ojos con su inmensidad.
    Besos Cata

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